Creo que no hay nada más exasperante que una vendedora densa. Comprendo que la premisa es vender así como también asesorar al cliente pero todo tiene un límite, al menos para mi. Nunca me había pasado el sentirme atosigada por una vendedora y menos aún cuando, al cambiar de local de una misma marca, la situación vuelve a ocurrir. Lo peor de todo es que no logro entender cómo no se monitorea el estilo de venta de cada local ya que la ausencia de ello repercute no sólo en perder una venta sino en que la persona salga corriendo con ganas de nunca más volver.
Hace dos semanas me escapé un ratito de la oficina para aprovechar el
Super Miércoles Aninka y ver lo nuevo de
Blaqué. El local de Av. Santa Fe 2309 era el más cercano así que salí apurada, billetera en mano y la idea clara de comprarme
esta mochila. El plan era simple y veloz: entraba, buscaba la mochila, observaba sus detalles y me iba. Pues bien, al llegar a destino una de las vendedoras se avalanzó sobre mi:
"¡Bienvenida! Lo que necesites, no dudes en consultarme". Hasta ahí fue correcta hasta que comenzó a seguirme por el local.
"¿Sabías que hoy hay descuento con Santander Río? Y también 3 cuotas sin interés". Al responder que estaba enterada, continuó:
"¿buscabas algo en especial?". Justo encontré la mochila en cuestión y cuando la tomo entre mis manos, escucho:
"viene en otros colores, ¿querés ver otros colores?". Le respondo que no, ya con cara de pocos amigos, y mientras trato de mirar lo que pensaba comprar, vuelve a hablarme:
"¡esa mochila es hermosa! La podés usar un montón porque combina con todo".
¿Resultado? Dejé la mochila, saludé y me fui, más que nada por la mezcla de atosigamiento y poco tiempo para estar ahí.
El martes pasado repito experiencia. Recibí el aviso de que Blaqué tenía 35% de descuento y no sólo seguía con ganas de tener esa mochila sino que además necesitaba comprarle un regalo a una amiga así que la ecuación era perfecta. Por las dudas, para no vivir lo de la última vez, cambié de local y me fui al Abasto. Ahora contaba con más tiempo y tenía muchas ganas de hacerme/hacer regalos.
Esto fue lo que paso:
Vendedora: "Bienvenida! Preguntáme si necesitás algo. Hoy hay 35% de descuento con Santander Río... ¿tenés la tarjeta?".
Aninka: "Sí, lo sabía. Gracias".
Vendedora (siguiéndome): "Hay cosas muy lindas de la nueva colección. ¿Qué buscabas?".
Aninka: "Sigo mirando, te aviso si necesito algo".
Vendedora (literalmente al lado mío): "Esa cartera viene en negro también y hay otros modelos en ese color".
Aninka: ...
Vendedora (pegadita a mi hombro): "¡De verdad decíme si necesitás algo, eh!".
Aninka: ...
Seguí paseando por el local y juro que no quería levantar nada porque sabía que ella aparecería desde adentro de la cartera para decirme algo. Di dos vueltas completas y cuando finalmente me decidí a comprar porque estaba harta de girar, escucho: "¿vas a elegir esa? ¡Me encanta! Es re linda".
¿Resultado? Me fui, crucé a Levi's y me regalé un jean.
Con todo esto, además de hacerle una crítica a la marca, quiero reflexionar sobre las vendedoras. ¿Notarán cuándo es el momento de dejar de perseguir al potencial cliente?, ¿acaso las marcas las reclutan de esa forma pensando que así venderán?
La verdad es que no intento hacerlas quedar mal porque es su trabajo y quizás al ser tantas en un mismo local, la diferencia la hace la comisión; pero honestamente no hay nada más repelente que una persona encima hablando sin que se lo pidan.
¿Qué me dicen al respecto?
¿Alguna experiencia para compartir?
¡Besos, carteras y descuentos!