Cuando yo era pequeña recuerdo que no me importaban las marcas. Era medio aparato y además los 80's no fueron la época más próspera en lo que a economía se refiere. Además, dejaba que mis papás me llenaran de prendas en invierno y terminaba pareciendo una muñequita a prueba del frío. Con el calzado era lo mismo y por mis pies pasaban zapatillas de lo más desconocidas.
Todo eso comenzó a cambiar cuando llegué a la adolescencia y las marcas se me presentaban como opciones tentadoras a la hora de vestirme. Si bien para algunas cosas no sabía qué etiqueta elegir, sí tenía claro lo que quería a mis pies: unas lindas Nike. Las primeras que tuve eran blancas de cuero con la pipa (el símbolo de la marca) en violeta. Eran mononas por donde se las viera.
Luego fueron pasando otros modelos pero siempre le fuí fiel a la marca hasta que dejé de interesarme por las zapatillas porque las relacioné al deporte y no a un look casual. ¿Cómo las zapatillas iban a ser cancheras y trendy si las que veía circular por la calle eran gigantes y con resortes extraños?
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Michael Fox inmortalizaba a las Nike en la excelente saga de Volver al Futuro
La semana pasada fuí con Natu Arenas al evento que hacía Nike para lanzar la temporada otoño/invierno 2011. No tenía expectativas con los modelos porque no podía sacar de mi cabeza la relación zapatillas + deporte = sólo para el gym pero la sorpresa fué total cuando me enamoré de cada uno de los modelos que ahí se presentaban. Me imaginé luciéndolos con leggings o con jeans y no pude exclamar otra cosa más que lo que se vincula a mi naturaleza compulsiva: ¡los quiero todos!
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¿Qué me dicen? ¿Acaso no son divinas? Dan ganas de invertir en un par porque reflejan originalidad, frescura, alegría y personalidad. Por supuesto que voy a ir por uno aunque primero tendré que decidir cuál quiero. Conociéndome puedo asegurar que luego de descubrir esto, el local de la calle Gurruchaga me va a ver más de una vez.
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Les dejo algunas fotos del local y nos estamos leyendo mañana.
¡Feliz lunes otoñal!
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